Se conoce como basura espacial el conjunto de desechos artificiales que hay en el espacio y fundamentalmente en las proximidades de la Tierra.
Se calcula que hay más de 15000 objetos de más de una tonelada y del orden de 50000 objetos cuyo tamaño es mayor de un centímetro, que ocasionan serios problemas en la actuación de satélites, naves espaciales u otros vehículos espaciales.
Pese a que son cantidades suficientes como para tenerlas en cuenta, no son nada comparada con la cantidad de elementos inservibles e inútiles que se acopian en nuestras ciudades ocupando fachadas y espacios públicos, obstaculizando el paso, contaminado la vista y agrediéndonos en todo momento.
El pasado mes de noviembre leía en el diario.es un interesante artículo de Pedro Bravo, “Sobre cómo llenar la ciudad de limones y meninas y vaciarla de criterio”, en el que se quejaba del deterioro que producen los elementos inútiles en la ciudad. El motivo del artículo era una campaña publicitaria en la ciudad de Madrid que se acompañaba de unos elementos en la vía pública, en forma de esculturas de unos dos metros de alto, en unos casos de limones y en otros de meninas. A juicio del autor se decora Madrid con todo aquello que en otras ciudades guardan en el trastero. Estoy de acuerdo en prácticamente todo lo que se dice en el artículo, salvo en que crea que esto sólo sucede en la ciudad de Madrid.
Casi cada actuación en la ciudad deja tras de sí un rastro, una señal de su actividad, que en muchos casos perdura innecesariamente en el tiempo: una obra pública cuyo cartel afea su entorno por diez años, una campaña publicitaria, señalética deteriorada y obsoleta, cableado por todas las fachadas, tótem publicitarios de concesiones privadas que vencieron hace lustros, mobiliario de terrazas que nunca se recogen ni se retiran del espacio público, placas conmemorativas de dudoso gusto que emborronan las preciosas líneas de edificios protegidos, cabinas de teléfonos, bolardos, buzones, cientos de elementos de los servicios municipales,… un sinfín de elementos que no hacen más que generar caos, contaminar, entorpecer y afear la ciudad.
Me hago eco de lo que publicaba el día 7 de diciembre en latribunadecuenca.es José Luis Muñoz, en el artículo “ Limpiar la ciudad de objetos inútiles”, el mejor plan estratégico para el turismo, y de paso para mejorar la vida de los habitantes de la cuidad, es limpiar de objetos inservibles e inútiles la ciudad.
Tal vez el problema sea que esta constante agresión no se percibe como tal. Al menos la basura espacial si es considerada un problema y se están estudiando medidas para solucionarlo.